CRONICA
EN BUSCA DE MANUELITO
Nelsy Herrera Pérez
Uno
de
tantos días en que me abruma un poco la rutina, la responsabilidad del
hogar, el trabajo como docente y la necesidad de realizar uno de los
trabajos
del profesor Wilson Blanco, como es el de elaborar una crónica, salí de
mi casa
a eso de las siete de la mañana para ir
al encuentro con “Manuelito” uno de los personajes del espacioso,
acogedor y más frecuentado lugar de esparcimiento de la zona
suroccidental de Cartagena, como es
el parque del campestre, pero como decía mi madre “todo no se da a pedir
de
boca”.
Llegando
al sitio me
percato que quien está al frente del negocio de tintos es su señora
esposa. Me acerco y digo: Buenos días. - Ella responde el saludo
casi sin levantar el rostro, pero yo
dispuesta a lo que iba la inquiero con la pregunta:
¿ y ese milagro que
el señor Manuelito no está por acá?
_ Ella vuelve a
responder sin levantar la cabeza: es que está desayunando. Percibí que la
señora no estaba de muy buen humor, y decidí comunicarle que regresaba en media
hora.
_ No respondió nada.
Al regresar, decido
sentarme a esperar, pero al intento lo veo venir, y me adelanto a su
encuentro para lograr que me dé la
oportunidad de que charlemos un rato, de pronto sin interrupciones, o para
evitar que su señora le fuera a prevenir, por esas cosas que tenemos las
mujeres de no confiar de buenas a primeras.
Al plantearle mi
propósito, percibo que tampoco está de buen ánimo, sin embargo no quería
desistir, así que decidí esperar un rato para que me atendiera.
Después de un momento
me ofreció una de las sillas que tiene para sus clientes y además una aromática caliente de yerba-limón.
Empezamos a conversar un poco de
su llegada al campestre, de los mucho que ha trabajado, de su chaza de tintos
en el parque, y de lo que hoy significa
para él dicha oportunidad. De su familia
sólo hizo un breve comentario, de sus hijos que viven fuera de la ciudad, de los
que conviven con él y su señora esposa.
Puede inferir por su
tono de voz y sus expresiones que todo no ha sido justo para él, pues no cuenta
con una mínima pensión, de ahí la necesidad de seguir luchando la vida. Falta demasiado por hacer por aquellas
personas que como Manuelito no cuentan con esos beneficios que requiere toda
persona que llega a una edad adulta y sin muchas posibilidades para trabajar.
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